Top
Top
Top
 
   
bullet




Si me pidieran que identificara aquello que ha tenido el mayor efecto negativo sobre la iglesia diría que, sin dudas, es el problema del CHISME. Una congregación goza de una cantidad relativa de paz y puede enfocarse en su misión de predicar el Evangelio cuando no hay rumores propagados por personas que no tienen control de su lengua.

“Sin leña se apaga el fuego, Y donde no hay chismoso, cesa la contienda.” Proverbios 26:20

El chisme puede afectar la disposición, reputación y familia de la víctima; es despiadado y típicamente se riega más terriblemente que un fuego silvestre californiano. He sido testigo de cómo puede terminar relaciones, destruir oportunidades comerciales y causar sufrimiento emocional incalculable.

“El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.” Proverbios 16:28

La característica más asombrosa de un rumor es la manera en que parece crecer según pasa de persona a persona. A las personas les gusta añadir sus propios detalles picantes al despachar la historia… eso les hace sentir como si tuvieran algo importante que decirle a los demás que nadie más conoce.

¡En primer lugar, déjeme clarificar que el chisme NO está limitado a la diseminación de MENTIRAS! Es levantar rumores acerca de los asuntos personales o privados de otros. Usualmente comienza con una pequeña realidad que luego es distorsionada según pasa de persona a persona.

La regla que utilizo para medir mi propia conversación es que si me encuentro diciendo algo acerca de otra persona que me haría sentir incómodo decirlo en su presencia, entonces es chisme. La mayoría de nosotros caemos en esta trampa frecuentemente y conocemos lo difícil que resulta domar nuestra lengua.

“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.” Santiago 3:2-6

“pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.” Santiago 3:8-9

¡Qué bien lo ha expresado el Apóstol Santiago! ¡El poder de la lengua es asombroso! Note lo que escribió en el versículo dos: “… Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto”.

Estos versos destacan dos verdades importantes. En primer lugar, TODOS tenemos el mismo problema de tener una lengua indomable. En segundo lugar, aprender a controlarla es imperativo si vamos a vivir como verdaderos cristianos. ¡Todo parece tan simple!

Yo he sido víctima del chisme y he difundido chisme. Por razón de que yo mismo tengo una boca alborotosa, trato de no tomar todo lo que la gente dice de mí muy seriamente. He aquí uno de mis versos favoritos:

"Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.” Eclesiastés 7:21-22

Y aquí presento un par de historias curiosas de mi propia familia:

Mi esposa llegó a casa un día después de haber estado predicando y me dijo que una persona se le acercó y le dijo escuetamente: “¿Es verdad que tú tienes 50 millones de dólares en el banco?” Jill es una persona muy mesurada y en su manera refinada de siempre, sacó su boleto de avión de manera casual y se lo mostró a la otra persona diciendo: “Amada, ¿crees tú que yo estaría viajando en ‘clase económica’ si tuviera todo ese dinero? Creo que no. Hubiera llegado en mi propio jet privado”. Ese comentario contestó la pregunta adecuadamente. Si la otra persona escogió creerle o no, es otro asunto.

Cuando ella me contó la historia tomándonos un café el día después de su regreso a casa, los dos simplemente nos miramos el uno al otro, preguntándonos cómo las personas pueden exagerar hasta la ridiculez – y, sin embargo, ¡hacen que otros crean que están diciendo la verdad!

Mi hijo Jason me contó una historia recientemente que nos tuvo riéndonos tan fuertemente que nos quedamos sin habla temporeramente. Una de sus asistentes de oficina le dijo:

“Dr. Barlock, tengo que preguntarle algo… Aquí en la oficina muchas veces hemos comentado cómo usted siempre habla de su mamá y papá y actúa como si fueran tan cercanos… ¡pero escuchamos a la administradora de la oficina de otro ortodoncista decir que usted fue ADOPTADO! Ella dijo que su madre y padre no podían tener hijos cuando fueron misioneros en Puerto Rico y que un día lo encontraron a usted como huérfano en las calles y le adoptaron. Por eso es que usted habla español tan bien… y como usted fue huérfano es ahora emocionalmente frio y no quiere casarse”.

La realidad es que Jason es nuestro hijo primogénito y lo llevamos con nosotros a Puerto Rico cuando tenía 3 años. Él estudió en escuelas puertorriqueñas (en lugar de asistir a una escuela privada americana) y se graduó con honores en su clase de escuela superior. Antes de entrar a la escuela de odontología, hizo una concentración en español y sicología en la Universidad de Miami en Ohio. Ha leído toda la literatura clásica de los escritores españoles más conocidos y maneja la estructura del lenguaje mejor que la mayoría de las personas de ascendencia latina. Ahora es un ortodoncista respetado y exitoso viviendo en Florida y está en medio de una relación significativa con una mujer maravillosa. Pero porque una persona no podía entender cómo es que hablaba un español tan fluido, se inventó una historia para convertirse en el centro d de atención por unos minutos de todos aquellos que le quisieran escuchar. ¿Quién sabe cuántas personas piensan que el Dr. Barlock fue “rescatado de las calles de Puerto Rico” por dos misioneros con buen corazón? Una cosa es segura; esa señora NUNCA ha visitado a Puerto Rico… es la isla más bella y próspera en el Caribe --- oh, sí – y extremadamente orientada hacia la familia. Usted no puede simplemente “encontrar” un huérfano abandonado en sus calles; yo nunca vi uno en los 22 años que viví allí.

A las personas les encanta tener algo que decir que asombre a sus escuchas. Si has sido víctima del chisme, sabes cuán absurdas pueden volverse las historias.

Algunas de las historias más dolorosas que fabricaron en mi contra fueron inventadas por un hombre que una vez me confesó a mí que tenía muchos celos de mi ministerio. Sus rumores se regaron a través de nuestras amistades mutuas y finalmente le costaron la iglesia que construyó con sus propias manos. Las personas cercanas a él se dieron cuenta que me estaba difamando en medio de su amargura y le pidieron que se bajara del púlpito.

Sin embargo, ¡hay unas ventajas al ser víctima del chisme! Primeramente, es un honor poder sufrir el mismo menosprecio que Jesús experimentó en Su ministerio. En segundo lugar, Jesús enseñó que las víctimas de los chismes (los cristianos, por supuesto), ¡serían recompensados abundantemente en el cielo!

“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” Mateo 5:11-12

La mayoría de nosotros cometemos el error de juzgar a los demás basándonos en nuestra percepción de ellos. Tan pronto hablamos acerca de alguien basados en nuestras percepciones, comenzamos la llama del chisme.

Hace unos años, tuvimos un incidente en la convención internacional de nuestro concilio de iglesias en Puerto Rico. Un joven carismático había dejado su iglesia porque no pudo hacer lo que quería y se fue resentido. Él había hablado en contra de su pastor por todo el pueblo, pero asistió a la convención el domingo en la mañana, en el evento final. La reunión fue notable y terminó con un llamado al altar en el cual cientos de personas se reunieron al frente orando y siendo tocados por el Espíritu Santo. Terminé la reunión con una oración final y pude notar que el joven se había abierto camino hasta el frente justo cuando yo estaba cerrando la convención. Yo me arrodillé y hablé por el micrófono y dije: “es bueno que hayas venido al frente para arrepentirte, pero para que entiendas la manera en que tu chisme se ha regado, vete al c campo que está al lado con una almohada de plumas – hazle un tajo y echa las plumas al viento – entonces ve y recógelas todas de nuevo”. La lección no era tan solo para él, sino también para aquellos que estaban alrededor del altar; podemos arrepentirnos de nuestro chisme – ¡pero resulta casi imposible borrar su efecto! De alguna manera se perpetúa de oído en oído mucho después de darnos cuenta que no debimos hablar en contra de otra persona. He visto reputaciones arruinadas para siempre porque una persona rumoró una historia.

Mi madre me enseño una dura lección cuando tenía 13 años. Ella me escuchó comentar algo acerca de una niña en mi escuela. Le dije a un amigo que pensaba que ella era una “prostituta”. Mi madre me dio una bofetada en la boca, averiguó el nombre y dirección de la muchacha y me llevó a su casa e hizo que le pidiera perdón por lo que había dicho de ella. Después de mi disculpa embarazosa, volví al carro con mi mamá y ella me dijo: “Sabes, David, tengo que admitir que se ve como una prostituta, pero nunca seas el que arruine la reputación de una persona”. El siguiente día en la escuela fue otra historia… la muchacha le contó a todo el mundo el episodio – no puedo poner en palabras cómo me sentí todo aquél día.

Nuestras palabras son importantes, podemos levantar a otras personas o podemos destruirlas. Podemos utilizar nuestras palabras para animar o desanimar; podemos usarlas para hacerle la vida a alguien más fácil o imposible.

Y lo más importante es que nuestras palabras nos seguirán hasta el Día del Juicio.

Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” Mateo 12:36-37

Ese va a ser un día interesante para todos nosotros. En ese día la verdad se sabrá a la luz de la presencia de Dios… todos los rumores se aclararán para siempre, todo chisme terminará y cada uno de nosotros aparecerá como realmente es, no de la manera que otros nos describieron.

En su carta a los colosenses, Pablo les instruyó en lo concerniente a la manera que se dirigían unos a otros:

“Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.” Colosenses 3:8

“Sea vuestra palabra siempre con gracia…” Colosenses 4:6

Si hablamos con gracia, hablaremos favoreciendo a los demás. Es tan simple como eso. Bendecimos a los demás en lugar de criticarles y encontramos maneras de decir cosas que levanten a las personas en lugar de destruirlas.

Permítame cerrar con un verso que uso muchas veces cuando comienzo el día en oración:

“Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.” Salmos 141:3

Quiero ser uno que lleve las Buenas Nuevas – no las malas. Cuando las personas me vean venir, quiero que digan “¡Ahí viene una bendición!” y no “¡Ahora vamos a escuchar unas historias jugosas!”

¡Seré el primero en admitir que tengo que mejorar! La eternidad está muy cerca para todos nosotros y nuestra meta sincera debe ser encontrarnos “perfectos en Cristo…” (Col. 1:28). Esa meta, mis amigos, solamente puede alcanzarse si tomamos en serio el reto de domar nuestra lengua.

Pastor David Barlock


 

 
 

 

 

Todos los derechos reservados 2007